Dos autoras excluidas por el uso de la Inteligencia Artificial

Desde el blog La piedra de Sísifo.

Dos escritoras de gran peso en Nueva Zelanda, Stephanie Johnson y Elizabeth Smither, han sido descalificadas de uno de los premios literarios más importantes del país, los Ockham New Zealand Book Awards, por el uso de imágenes generadas con inteligencia artificial en las portadas de sus libros. Johnson había presentado su colección de relatos Obligate Carnivore y Smither su novela breve Angel Train para el premio Jann Medlicott Acorn de ficción, que otorga 65.000 dólares neozelandeses, pero sus obras han quedado fuera tras comprobarse que la cubierta no era “tradicional”, sino producida con IA.

La polémica estalló cuando un librero alertó a los organizadores sobre aspectos sospechosos en el diseño de las portadas. Tras la investigación, la editorial Quentin Wilson confirmó que efectivamente se había usado IA, lo que contravenía las nuevas normas del certamen: desde agosto, los libros se juzgan “como un todo”, incluyendo la portada, y cualquier elemento visual generado por IA descalifica al volumen.

Para Johnson, la noticia fue un golpe doloroso: aseguró que desconocía que la imagen de la portada provenía de IA y que, en su mente, se trataba de una fotografía retocada. Su mensaje refleja frustración por el hecho de que ahora todo el debate esté centrado en la IA, cuando ella preferiría que se hablara de su trabajo literario. Por su parte, Smither defendió el papel del equipo de diseño: su portada había sido cuidadosamente elaborada, y le preocupa que ese esfuerzo quede relegado a un segundo plano en la conversación sobre tecnología.

La editorial también expresó su pesar, argumentando que las reglas se anunciaron demasiado tarde, cuando los libros ya estaban terminados y las portadas diseñadas. Señalan que hubiera sido útil haber tenido más tiempo para adaptar sus procesos creativos a las nuevas exigencias. Mientras tanto, desde la organización del premio, su presidenta, Nicola Legat, ha defendido la decisión como necesaria para proteger los intereses creativos y los derechos de autor. También ha señalado que las normas se aplican sin distinción a todos los participantes, por muy consagrados que sean.

Este caso pone el foco sobre los dilemas a los que se enfrenta la industria editorial en plena era de la IA: definir qué se considera creación legítima, cómo valorar el trabajo humano frente al generado por máquinas, y qué papel deben tener las instituciones culturales en regular esas fronteras. Además, resalta la necesidad de que existan reglas claras, comprensibles y comunicadas con antelación para que autores, editores y diseñadores sepan exactamente qué está permitido y qué no.

Por ahora, las normas del certamen siguen vigentes y no está descartado que se revisen en el futuro, pero este episodio ya ha generado un debate profundo sobre el equilibrio entre innovación tecnológica y autenticidad artística.

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