Testamento de un hombre desesperado
Desde que tengo memoria me fascinaron las historias apocalípticas. Esa afición por lo catastrófico del final de la Humanidad siguió trabajando en mí de manera inconsciente durante muchos años, y me sirvió de elemento enmarcador cuando cierto día me hallé escribiendo esta historia acerca de un hombre que una mañana, al despertar, descubre que se ha convertido en el único ser humano sobre la faz de la Tierra.
Comencé a escribirla en una máquina Olympia Splendid que era de mi padre, en un lapso de seis meses hasta finalizarla.
Desde ese día, nunca más volví a leerla de manera completa, pero cuando le echo un vistazo a algún párrafo, me suele parecer bastante aceptable, teniendo en cuenta que era poco más que un adolescente autodidacta, y que ésa era mi primera experiencia con la narrativa.
Voces en el paraíso
Después de tanto leer realismo mágico, la temática finalmente se abrió paso en mí.
La novela narra el devenir de un poblado en algún lugar de la Sudamérica virreinal, aislado del mundo exterior a causa de una guerra que había durado tantos años, que los pocos que sabían cómo llegar a él, hacía mucho tiempo que habían fallecido. Hasta que a alguien se le ocurrió que, tal vez, no era cierto que la guerra continuara.